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Blue Monday: lo que dice (y no dice) sobre nuestro bienestar

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Cada año, a mediados de enero, aparece el mismo mensaje: hoy es Blue Monday, el día más triste del año.

La idea se replica en medios, marcas y redes sociales como si fuera un hecho comprobado. Pero la realidad es más compleja —y mucho más interesante—.

 

Blue Monday no es un diagnóstico colectivo ni una verdad científica. Es un concepto que nació como una fórmula publicitaria y que, con el tiempo, se convirtió en una narrativa cultural. Y aunque no sea científicamente válido, algo de lo que pone sobre la mesa sí merece atención.

  

No es ciencia, pero conecta con una sensación real

 

La idea del Blue Monday surge a partir de una ecuación que intentaba combinar factores como el clima, las deudas, el tiempo desde las fiestas y la motivación.

Esa fórmula nunca fue validada por la comunidad científicaSin embargo, que no sea ciencia no significa que sea irrelevante. Enero sí suele ser un mes emocionalmente particular:

  se siente el contraste después del cierre de año

  bajan los niveles de energía

  reaparecen rutinas exigentes

  se acumulan expectativas no cumplidas

 

No porque haya un “día más triste”, sino porque estamos ajustándonos a un nuevo ritmo.

 

 

El problema no es el día, es la narrativa

 

El riesgo del Blue Monday no está en hablar de tristeza, sino en simplificarla. Reducir estados emocionales complejos a una fecha puede invisibilizar procesos más profundos: cansancio crónico, desconexión, presión constante por “estar bien”.

Cuando etiquetamos un día como “el más triste”, corremos el riesgo de:

  normalizar el malestar sin atenderlo

  trivializar la salud emocional

  creer que el bienestar se arregla con frases motivacionales

 

Enero no siempre es cómodo. Y eso no lo hace negativo.

Es un mes de reacomodo: el cuerpo sale del ritmo de fin de año, la mente se enfrenta a lo pendiente y la energía todavía no encuentra su lugar. Sentirse bajo, confundido o sin claridad no es un fallo personal.

Es una respuesta humana a un cambio de ciclo.

 Tal vez el problema no es sentirnos así, sino no darnos espacio para transitarlo.

 

Hablar de bienestar sin forzarlo

 

La tristeza, la apatía o la falta de motivación no siempre piden soluciones rápidas; a veces piden pausa, descanso y honestidad.

Más que preguntarnos cómo dejar de sentirnos así, vale la pena preguntarnos:

  ¿qué me está pidiendo este momento?

  ¿qué ritmo necesito ahora, no el que “debería” tener?

  

Si este día te pesa, no significa que algo esté mal contigo. Significa que estás vivo, sensible y atravesando un momento.

 

Y eso también es parte del bienestar.

 

Hay días —como este— en los que no necesitamos respuestas ni explicaciones.

Necesitamos espacio. Para sentir sin ordenar, para pensar sin llegar a conclusiones, para reconocer lo que está ahí sin tener que cambiarlo de inmediato. En esos momentos, escribir puede ser una forma de acompañarnos, no de resolvernos.

 

En paando contamos con cursos de escritura reflexiva, como los de Cristina Coghlan, que proponen la escritura como una herramienta para escuchar lo que pasa por dentro, especialmente en momentos de transición, cansancio o baja energía.

No para “salir mejor” del día, sino para habitarlo con más honestidad.